Publicado el 03/08/2026
Colombia tiene una de las mayores variedades de fruta del planeta, y la mayoría no sale del país. Si solo te llevas una idea de esta guía, que sea esa: aquí vas a probar cosas que no existen en tu supermercado.
Bogotá, además, tiene una cocina propia de altiplano, de sopas espesas y bebidas calientes, que tiene poco que ver con la comida caribeña que mucha gente asocia con Colombia.
Si solo comes un plato bogotano, que sea este. Es una sopa espesa de tres variedades de papa, pollo desmenuzado, mazorca y guascas, una hierba local que le da su sabor característico y que es prácticamente imposible de sustituir.
Se sirve con crema de leche, alcaparras y aguacate aparte, y cada uno lo mezcla a su gusto. Es contundente, caliente y perfecto para el clima de la ciudad.
Esto sorprende a todo el mundo y merece su propio apartado.
En Bogotá el chocolate caliente se sirve con un trozo de queso fresco dentro de la taza. El queso se derrite y se come con cuchara al final, acompañado de pan o almojábana.
Suena extraño y funciona. Es la merienda tradicional de la ciudad y una de las cosas que más recuerdan los viajeros al volver a casa.
Aquí es donde Colombia gana a casi todo el mundo. Estas son las que recomendamos probar sí o sí:
Un consejo práctico: en los mercados los vendedores te dejan probar antes de comprar. No hay que ser tímido, forma parte del trato.
El mercado mayorista más grande de la ciudad. Abre de madrugada y a primera hora es cuando está más vivo: llegan las flores, la fruta y el pescado. Es grande, ruidoso y absolutamente auténtico.
Más pequeña y mucho menos turística. Precisamente por eso es donde mejor se puede probar fruta con calma y hablar con los vendedores, que suelen tener tiempo para explicarte qué es cada cosa. Es la que preferimos para presentar la fruta colombiana a quien llega por primera vez.
La forma más barata y más auténtica de almorzar en Bogotá. Por un precio muy razonable te sirven sopa, plato principal con arroz y proteína, jugo natural y a veces postre. Es lo que come la gente que trabaja aquí, y lo encuentras en cualquier barrio.
Colombia produce cacao fino de aroma, una categoría que representa apenas un pequeño porcentaje de la producción mundial y que se usa en chocolate de alta gama.
Durante décadas se exportó casi todo en grano, sin transformar. Eso está cambiando: hoy hay chocolateros colombianos trabajando el cacao de origen aquí mismo, y una cata permite entender la diferencia entre el chocolate industrial y un grano trabajado con cuidado.
Es también una historia de sustitución de cultivos: en varias regiones el cacao reemplazó a la coca, y detrás de cada tableta hay comunidades que cambiaron de vida.
Los mercados son mucho mejores con alguien que sepa qué señalar. La mitad de las frutas no tienen nombre en inglés, no siempre está claro cómo se comen, y los mejores puestos no son los de la entrada.
Con un guía local se prueban diez o quince frutas en una mañana, en lugar de las tres que uno se atreve a comprar por su cuenta.