Publicado el 03/08/2026
La Catedral de Sal está excavada 180 metros bajo tierra, dentro de una mina de sal que lleva funcionando desde antes de la llegada de los españoles. Es la excursión más popular de los alrededores de Bogotá, y la única que deja a casi todo el mundo sin palabras al entrar en la nave principal.
Está en Zipaquirá, unos 50 kilómetros al norte de Bogotá. Se llega en poco más de una hora, y se visita perfectamente en media jornada.
Los mineros muiscas ya extraían sal de estas montañas mucho antes de la conquista. Con el tiempo, los que trabajaban dentro construyeron un pequeño santuario en los túneles, donde rezaban antes de bajar a la jornada.
De ahí nació la primera catedral, inaugurada en 1954. Se cerró en 1992 por problemas estructurales, y la actual, construida en un nivel más profundo, abrió en 1995. La mina, mientras tanto, sigue en explotación.
El recorrido es guiado y dura alrededor de una hora y media, más el tiempo que quieras quedarte después. La temperatura dentro es estable, entre 12 y 15 °C, así que lleva algo de abrigo aunque afuera haga sol.
La catedral abre todos los días. La visita guiada está incluida en la entrada básica, así que no necesitas contratar nada aparte.
Existen también formatos Standard y Premium, que añaden atracciones dentro de la mina. Para la mayoría de visitantes el billete básico es más que suficiente: lo que impresiona es la catedral, no los añadidos.
Los precios son orientativos y cambian cada año; conviene confirmarlos antes de ir.
Se toma el TransMilenio hasta el Portal del Norte y allí un bus intermunicipal hacia Zipaquirá. El trayecto dura entre una hora y una hora y media según el tráfico, que en la salida norte de Bogotá puede ser considerable. Desde el terminal de Zipaquirá hasta la mina hay unos quince minutos a pie cuesta arriba.
Los buses salen con mucha frecuencia, aproximadamente cada 10 o 20 minutos durante el día, y el billete cuesta entre 7.000 y 10.000 COP según la compañía. No hace falta reservar: se compra en el momento.
Un tren turístico de vapor que circula los fines de semana y algunos festivos. Es mucho más lento que el bus, pero el viaje forma parte de la experiencia, con música en vivo a bordo. Buena opción si viajas con niños.
Sale de Gran Estación a las 8:45 y hace una segunda parada en Usaquén, sobre las 9:05–9:15. El billete de adulto cuesta entre 80.000 y 100.000 COP según la fecha y la clase, y el de niño entre 55.000 y 70.000 COP.
Ten en cuenta que el tren te deja en Zipaquirá pero la entrada a la mina se paga aparte.
Es lo que elige la mayoría de nuestros viajeros, sobre todo quienes tienen poco tiempo. El transporte va puerta a puerta, no hay que preocuparse por horarios de bus ni por encontrar la entrada correcta, y el guía explica el contexto histórico que dentro de la mina no está señalizado.
Este es el consejo más útil de toda la guía: ve temprano y entre semana.
Los domingos y festivos la catedral se llena de familias colombianas, y el viacrucis pierde bastante cuando se recorre en fila. Un martes por la mañana la diferencia es enorme: en algunos tramos estarás prácticamente solo.
Casi todo el mundo entra a la mina y se vuelve, y es una lástima. Zipaquirá es un pueblo colonial con una plaza principal muy bonita, la Catedral Diocesana y varias calles peatonales llenas de restaurantes.
Es un buen sitio para almorzar antes de regresar. Si te apetece probar algo local, busca fritanga o un puchero santafereño en alguno de los restaurantes de la plaza.
Sí, y es una combinación que funciona muy bien. Las dos están al norte de Bogotá y se pueden ver en un mismo día: la mina por la mañana y la laguna por la tarde, o al revés.
Es una jornada larga, de unas diez horas puerta a puerta, pero une la obra humana más impresionante de la sabana con el paisaje que originó la leyenda de El Dorado. Si solo vas a hacer una excursión desde Bogotá, esta es la que recomendamos.
Los túneles son amplios y altos, con buena iluminación y ventilación; no se parece a una cueva estrecha. Aun así, si la claustrofobia es severa, conviene saber que se está a 180 metros bajo tierra durante alrededor de una hora.
Sí, y suele gustarles. El recorrido es cómodo y hay rampas en buena parte del trayecto.
Sí. Se celebran misas los domingos y la catedral está en funcionamiento, algo que sorprende a muchos visitantes.