Laguna de Guatavita: la laguna que originó la leyenda de El Dorado

Publicado el 03/08/2026

El Dorado no era una ciudad de oro. Era un hombre cubierto de oro, y esta es la laguna donde se sumergía.

La Laguna de Guatavita está a unos 75 kilómetros al noreste de Bogotá, en un cráter perfecto rodeado de páramo. Es uno de los lugares más importantes de la cultura muisca y, aunque hoy se llega en poco más de hora y media en coche, durante siglos fue el objeto de una de las obsesiones más costosas de la historia europea.

La ceremonia que lo empezó todo

Los muiscas, el pueblo que habitaba el altiplano cundiboyacense, celebraban aquí la investidura de un nuevo cacique.

El heredero pasaba días de ayuno y aislamiento. Después lo cubrían de resina y le soplaban polvo de oro por todo el cuerpo hasta dejarlo dorado. Subía a una balsa con sus sacerdotes, se adentraba hasta el centro de la laguna, y allí se sumergía mientras el pueblo arrojaba al agua ofrendas de oro y esmeraldas.

Esa escena, contada a los españoles por indígenas de la región, es el origen literal de la expresión El Dorado. La famosa balsa muisca que hoy se expone en el Museo del Oro de Bogotá representa exactamente ese momento.

Los intentos de vaciarla

Durante casi cuatro siglos, distintos grupos intentaron sacar el oro del fondo.

En 1580 el comerciante Antonio de Sepúlveda puso a trabajar a cientos de indígenas para abrir un tajo en el borde del cráter y bajar el nivel del agua. Esa brecha todavía se ve hoy, y es lo primero que señalan los guías al llegar al mirador. Consiguió rebajar la laguna unos veinte metros y sacar algunas piezas, pero el corte se derrumbó y murió arruinado.

A comienzos del siglo XX una compañía británica llegó a drenarla casi por completo. El lodo del fondo, al secarse al sol, se endureció como cemento antes de que pudieran excavarlo. Se marcharon con muy poco.

Hoy la laguna está protegida y no se puede bañar nadie en ella. Es un lugar sagrado para las comunidades indígenas, y esa condición se respeta.

Cómo es la visita

La visita se hace obligatoriamente con guía y dura entre una hora y media y dos horas. No es una caminata exigente, pero conviene tener en cuenta que estás a unos 3.000 metros de altitud: se sube despacio.

El recorrido asciende por un sendero acondicionado hasta varios miradores sobre el cráter. Los guías explican la cosmovisión muisca, el significado del agua en su cultura y la historia de los saqueos. Es un recorrido de contexto: sin las explicaciones, verías un lago bonito y poco más.

Horarios y precios

  • Abierto de martes a domingo, aproximadamente de 9:00 a 16:00. Cierra los lunes.
  • La última entrada suele ser hacia las 14:00 o 14:30, según la afluencia del día.
  • Adultos: entre 18.000 y 25.000 COP.
  • Niños y mayores: entre 10.000 y 15.000 COP.

Los precios son orientativos y pueden cambiar.

El detalle de la última entrada es importante: mucha gente sale tarde de Bogotá, se encuentra con tráfico en la salida norte y llega justo cuando ya no dejan pasar. Si vas por tu cuenta, sal temprano.

Cómo llegar desde Bogotá

En coche son entre una hora y media y dos horas, según el tráfico. En transporte público hay que combinar un bus intermunicipal hasta el pueblo de Guatavita y después un transporte local hasta la entrada del parque, lo que alarga bastante la jornada.

Es una de las excursiones donde más se nota ir con un tour organizado: el transporte va directo, se llega dentro del horario y el guía cubre tanto el trayecto como el recorrido.

Qué llevar

  • Chaqueta y algo impermeable. En el páramo el clima cambia rápido y sopla viento.
  • Protector solar. A 3.000 metros el sol quema aunque haga frío, y es el error más común.
  • Calzado cerrado con suela con agarre.
  • Agua. La altitud deshidrata más de lo que parece.

El pueblo de Guatavita

Conviene no confundirlos: el pueblo actual de Guatavita no es el original. El antiguo quedó bajo el agua en los años sesenta, cuando se construyó el embalse del Tominé, y se levantó uno nuevo de estilo colonial en la orilla.

Tiene una plaza agradable, artesanías y restaurantes con vista al embalse. Es una parada natural para almorzar antes de volver.

¿Merece la pena combinarla con la Catedral de Sal?

Sí, y es la combinación que más recomendamos. Las dos están al norte de Bogotá y se ven cómodamente en un mismo día.

Funcionan bien juntas porque se complementan: la Catedral de Sal es la obra humana más impresionante de la sabana, y Guatavita es el paisaje y el mito que explican por qué los españoles llegaron hasta aquí. Una sin la otra cuenta media historia.

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