Publicado el 03/08/2026
Son 702 escalones hasta la cima, y la vista de arriba es de las que justifican el esfuerzo. La Piedra del Peñol es un monolito de 220 metros que se levanta solo en medio de un paisaje de islas y agua, a unas dos horas de Medellín.
Al lado está Guatapé, probablemente el pueblo más fotografiado de Colombia. Los dos se visitan en la misma jornada y se complementan perfectamente: la subida por la mañana, el pueblo por la tarde.
Es una formación de casi setenta millones de años, una sola pieza de roca que emerge de la nada. Durante siglos fue objeto de veneración por los indígenas tahamíes, que la consideraban sagrada.
Su forma actual, rodeada de agua, no es natural. En los años setenta se construyó el embalse de El Peñol-Guatapé para generar electricidad, y el valle quedó inundado. El pueblo original de El Peñol desapareció bajo el agua y fue reconstruido en otro lugar. Ese archipiélago de islas verdes que se ve desde arriba son las cimas de las antiguas colinas.
Una escalera de hormigón encajada en una grieta natural de la roca sube en zigzag hasta la cima. 702 escalones.
La subida toma entre veinte y cuarenta minutos según tu ritmo. No requiere preparación especial y sube gente de todas las edades, pero es continua y no hay atajos. Hay descansos y puestos de bebidas en el camino.
Un detalle que tranquiliza a mucha gente: la escalera es cerrada y con barandillas a ambos lados. No es una vía expuesta, aunque quien tenga vértigo severo debe saber que sí se ven las alturas.
Los precios son orientativos y pueden cambiar.
Sube temprano. A media mañana la escalera se llena y el ascenso se vuelve una fila lenta. Además, el cielo suele estar más despejado antes del mediodía: a partir de las dos de la tarde es frecuente que se nuble.
En la cima hay una torre-mirador de varios pisos, con puestos de comida y bebida. La vista de 360 grados sobre el embalse y sus islas es la imagen que todo el mundo conoce de esta zona.
Guatapé es conocido por sus zócalos, y merece la pena entender qué son antes de llegar.
Son los frisos pintados en relieve que recorren la parte baja de las fachadas. La tradición empezó a comienzos del siglo XX, y cada zócalo cuenta algo: el oficio de quien vive en la casa, un animal, un motivo religioso, una escena cotidiana. En una panadería verás pan; en casa de un pescador, peces.
Es decir, no es decoración turística: es un registro visual de la vida del pueblo, mantenido durante generaciones. Con esa clave, un paseo por Guatapé se lee de otra manera.
Guatapé está a unas dos horas de Medellín por carretera. En transporte público salen buses desde la Terminal del Norte con bastante frecuencia.
La mayoría de nuestros viajeros lo hacen en excursión de día completo, sobre todo porque combinar el bus, la subida a la Piedra y el pueblo por cuenta propia obliga a estar pendiente de los horarios de vuelta, y el último bus de la tarde suele ir muy lleno.
Sí. Se puede visitar Guatapé sin subir la Piedra, y sigue mereciendo la pena por el pueblo y el embalse. También hay miradores desde la carretera con vistas al monolito sin necesidad de subir.
Pero si tus rodillas te lo permiten, sube. Es de esas cosas que se recuerdan años después.